Cambiar un motor es un gasto importante y no debería basarse en una sospecha. Antes de hablar de reemplazo confirmamos lo que falló: medimos compresión, revisamos la presión de aceite, buscamos señales de sobrecalentamiento severo, inspeccionamos la banda o cadena de tiempo y comprobamos si hay metal en el aceite. Si el motor se puede reparar, se lo decimos.
Cuando el reemplazo es la opción razonable, planificamos con usted. Tomamos en cuenta el millaje, el historial de servicio, el uso que le da al vehículo y las indicaciones del fabricante. Buscamos motores usados con procedencia verificable y motores remanufacturados, confirmamos la compatibilidad con el año, el chasis y la programación de su vehículo y le explicamos la garantía que ofrece cada proveedor.
La instalación incluye revisar los sistemas que dependen del motor: enfriamiento, lubricación, eléctrico y combustible. Un motor nuevo con un radiador obstruido o aceite contaminado no dura. Al terminar, probamos el funcionamiento en el taller y en la calle, verificamos códigos y fugas y le entregamos un informe de lo que se hizo y de lo que conviene vigilar durante las primeras semanas.