El motor se calienta por muchas razones distintas: una fuga lenta, una bomba de agua que ya no mueve bien el refrigerante, un termostato atascado, un radiador tapado, un ventilador que no se activa o, en los casos graves, una falla interna del motor. Cambiar la pieza más visible sin probar suele devolver el vehículo al taller con el mismo problema.
Nuestro punto de partida es una prueba de presión de todo el sistema. Con el circuito presurizado aparecen fugas que en frío no se ven, en mangueras, conexiones, depósito, carcasa del termostato y bomba. Luego comprobamos la circulación, el control eléctrico del ventilador y el estado del refrigerante. Tomamos en cuenta el kilometraje, el historial del vehículo y las indicaciones del fabricante para su modelo.
Antes de reparar, le entregamos por escrito lo que encontramos, qué es urgente y qué puede vigilarse. Las reparaciones que califican tienen garantía de 12 meses o 12,000 millas, lo que ocurra primero.